16. Competencia digital: Preparad a vuestros hijos para un mundo profesional en cambio

Juan Manuel Núñez Colás

¿Habéis intentado imaginar y definir cómo serán las profesiones del futuro? Quizá no sean muy distintas a las que vemos ahora en películas de ciencia ficción. Vuestros hijos se forman en las escuelas, institutos, centros de formación profesional o facultades para un mundo de profesiones diversas. Y, curiosamente, muchas de ellas no existen aún: «Programador de emociones», «Curador de contenidos», «Piloto de drones», «Impresor 3D», «Ingeniero BigData», «Entrenador de Identidad Digital», «Community manager», etc. El tren del futuro tecnológico ya está aquí y tu hijo irá en él. ¿Te animas a subir tú también?

¿Qué saberes, habilidades y competencias debéis potenciar en vuestros hijos para que sean capaces de convivir y desarrollarse profesionalmente en este nuevo mundo de lo digital, en el que vivimos y viviremos en el futuro?

10 claves para acompañar a tu hijo en su viaje digital

  1. Aprender: utiliza la red y la tecnología para formarte y adquirir una competencia digital básica que te permita estar junto a tu hijo en su desarrollo y en la conformación de su identidad digital.
  2. Entender: cómo son los niños y jóvenes hoy en una sociedad mediada por la tecnología. Analiza las diferencias tecnológicas y cognitivas que hay entre ellos y nosotros.
  3. Favorecer: pon en marcha todos los mecanismos a tu alcance para que desarrolle sus competencias digitales desde un punto de vista ético y responsable. Fomenta en todo momento su autonomía y su capacidad de toma de decisiones.
  4. Compartir: pasa tiempo junto a él en su viaje hacia lo digital. Intenta, en la medida de lo posible, compartir sus redes, sus videojuegos y sus acercamientos a las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Déjale que te explique qué hace y dialoga con él sobre cómo son sus momentos de ocio o de estudio cuando la tecnología está por medio.
  5. Preguntar: la tecnología tiene luces y sombras. Infórmate y pregunta sobre ello. Ayúdate y ayuda a tu hijo a hacer un uso responsable de las TIC y de la red.
  6. Aportar: la red no es nada sin los aportes de la comunidad. Todos tenemos algo que decir. Tú mismo y tu hijo podéis aportar información y contenidos. Esto le enseñará también el valor de compartir, igual que otros lo hicieron para que él tuviera acceso a esos contenidos.
  7. Exigir a las personas responsables del aprendizaje de tus hijos que utilicen la tecnología y sean ejemplo de uso y le faciliten su acceso. Promueve también que las metodologías docentes y sus experiencias de enseñanza-aprendizaje estén cerca de los conceptos 2.0 y les inviten a crear, compartir y colaborar.
  8. Colaborar con el resto de agentes educativos para que tu hijo tenga la capacidad de adaptarse al cambio y de aprender a aprender.
  9. Disfrutar: la tecnología nos ofrece grandes posibilidades de aprender, viajar sin moverse del sitio, jugar, compartir y conocer o volver a conectar con personas de todo el mundo.
  10. Hablar: las competencias digitales nos llevan a un mundo globalizado, sin fronteras, por lo que será necesario hablar idiomas. No olvides este componente de su listado de competencias necesarias para su futuro profesional.

Hace poco más de una década, en 2004, en Nueva Orleans, una niña le pidió ayuda a su primo Salman en relación con un problema matemático. Cuando otros familiares y amigos le pidieron que también les ayudara, Salman Khan decidió subir sus explicaciones en vídeo a YouTube y descubrió que miles de personas visitaban sus clases y se servían de su conocimiento a través de la red. Cuatro años después, veía la luz la Khan Academy, que actualmente se ha convertido en una plataforma con cientos de miles de vídeos y millones de usuarios en más de cuarenta idiomas. Estos usuarios aprenden en la mayor academia online gratuita de internet, donde puedes, además, gestionar tu ritmo y tus itinerarios de aprendizaje.

Al otro lado del mundo, en la India, unos años antes, en 1999, el investigador Sugata Mitra colocaba en la pared de una casa, a la altura de los niños, un ordenador conectado a internet. En unas semanas los niños de la calle, muchos de los cuales no habían ido nunca a la escuela ni sabían inglés, navegaban por internet y ayudaban a otros a entrar en el mundo de la red. Había nacido Hole in the Wall, proyecto que ha llevado a Sugata Mitra a comentar: «Me di cuenta de que los niños van a aprender a hacer lo que ellos quieran aprender a hacer».

Aquí en España, hace pocos años, los emprendedores sociales Daniel Losada y Pablo del Palacio ponían en marcha Trip-Drop, una iniciativa de viajes solidarios que conecta necesidades reales de todo el mundo con personas que viajarán allí. De esa manera pueden ayudar, sin intermediarios, a gente que realmente lo necesita. Y todo ello a través de internet, sólo con ayuda de la red y el poder de la comunidad de usuarios e internautas. Miles de personas se han beneficiado ya de esta idea que mezcla solidaridad, emprendimiento y tecnología.

¿Qué ha hecho posible que estas personas hayan puesto en marcha sus proyectos? El mundo ha cambiado, y cambia de forma acelerada y debemos aprender a aprovechar esos cambios para crear un mundo mejor y más justo. Cualquiera de vuestros hijos puede ser Salman, Sugata, Daniel o Pablo. ¿Verdad que sí?

Los que ya tenemos cierta edad, estudiamos y nos formamos en un mundo en el que el conocimiento era estático, estaba controlado y era poco cambiante. Pero vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos viven y vivirán en un mundo en el que la cultura es cambiante, poco organizada y, gracias a la tecnología, está por todas partes. La realidad que os rodea es distinta y las necesidades de vuestros niños y jóvenes en su desarrollo como personas y ciudadanos también lo es. La tecnología tiene mucho que ver con todo ello y hay que entenderlo, aceptarlo y, sobre todo, aprovecharlo.

Los residentes digitales

Cualquier momento de la historia, vista con perspectiva, nos parece una época de cambios, pero la realidad es que ninguna transformación en la historia se ha producido a la velocidad que lo está haciendo esta que nos ha tocado vivir. La tecnología y, en concreto, las TI C tienen mucho que ver con todo ello.

Vuestros niños y jóvenes, esos que hemos dado en llamar residentes digitales (mientras que nosotros seríamos solamente visitantes, quizá turistas) tienen distintas maneras de hacer, vivir, pensar, relacionarse, participar, aprender y comunicarse de las formas que utilizamos nosotros. No son ni mejores ni peores, pero definitivamente distintas. Ese cambio es una realidad que no tiene vuelta atrás y que va a ir a más en el futuro próximo.

Desde esta perspectiva de cambio social y cultural causado por la irrupción de las TI C en nuestro día a día, veremos, por un lado, qué saberes, habilidades y competencias debéis potenciar en vuestros hijos para que sean capaces de convivir y desarrollarse personal y profesionalmente en este nuevo mundo de lo digital. Y, por otro, qué conocimientos y destrezas deberíais intentar desarrollar como padres para poder apoyar a vuestros hijos cuando sea necesario.

La adaptación al cambio resulta fundamental por muchas razones. En primer lugar, porque los conocimientos a adquirir irán quedando obsoletos o porque sus competencias y habilidades le llevarán a trabajar en profesiones y formatos hasta ahora desconocidos. Pero también porque el modelo de «un trabajo para toda la vida» tiende a desaparecer, y la movilidad, tanto laboral como geográfica, es cada vez más una característica inherente a los nuevos modelos laborales y de producción en la economía global en la que ya vivimos.

La tecnología en general e internet en particular han traído consigo una revolución sin precedentes, «un cambio rápido y profundo»,1 según la RAE (Real Academia de la Lengua). En definitiva, una revolución constante en la que el mundo cambia bajo nuestros pies día a día.

La idea clave que un joven debe tener en cuenta de cara a su futuro profesional en relación con la tecnología o –diría yo–, en relación con su futuro personal y profesional, es la «adaptación al cambio». Podríamos definirla como la necesidad de tener las capacidades, habilidades y competencias que harán falta para vivir en un mundo en constante evolución. Además, han de ser capaces de adaptarse a situaciones, herramientas, modelos culturales, de ocio o de participación que a día de hoy, quizá, ni siquiera podemos imaginar.

La adaptación al cambio resulta fundamental por muchas razones. En primer lugar, porque los conocimientos a adquirir irán quedando obsoletos o porque sus competencias y habilidades le llevarán a trabajar en profesiones y formatos hasta ahora desconocidos. Pero también porque el modelo de «un trabajo para toda la vida» tiende a desaparecer, y la movilidad, tanto laboral como geográfica, es cada vez más una característica inherente a los nuevos modelos laborales y de producción en la economía global en la que ya vivimos.

La web 2.0

Si contextualizamos un poco más, cuando empezamos a tener conciencia de que existía algo llamado internet (en realidad no hace mucho tiempo de eso, de hecho hace sólo unas décadas), en general, el acceso a los contenidos de la red se hacía de forma unidireccional. Estábamos en lo que se ha dado en llamar la web 1.0. En ese momento, el usuario se acercaba a la información (un periódico digital, una página web, etc.), consumía la información y salía del sistema, sin tener prácticamente ningún grado de interacción con el contenido ni con otros usuarios. Además, el contenido de estas páginas había sido creado, en general, por expertos.

Sin embargo, desde hace unos años, este concepto ha evolucionado hacia otro que nos ayudará a entender mucho mejor a nuestros jóvenes: el de la web 2.0. Este concepto nos habla de páginas y sitios de internet en las que se puede interactuar con el contenido y con otros usuarios así como dar tu opinión. Pero sobre todo, y ésta es una de las grandes claves que nos ayuda a comprender el mundo de internet de hoy, son los usuarios quienes crean el contenido y son también ellos los que deciden qué es válido o no. A esto lo llamamos «el poder de la comunidad». En este sentido, pensemos en las redes sociales o en fenómenos como YouTube. Los entornos web 2.0 nos posibilitan realizar de forma autónoma algunas cosas que configuran y definen los patrones de pensamiento y actuación de vuestros hijos:

  • Crear: La red nos ofrece multitud de herramientas, aplicaciones y posibilidades para generar, de forma sencilla, contenido digital de calidad.
  • Comentar: De manera que podemos aportar mejorando lo que ya han hecho otros.
  • Valorar: Para ofrecer una opinión que en ocasiones supondrá que ese contenido tome mayor o menor relevancia para el resto de usuarios.
  • Compartir: Esto nos ayudará a entender que la red es cosa de todos y que igual que yo consumo la información facilitada por otros, mi contenido puede resultar de utilidad a los demás.
  • Denunciar: La red nos ofrece canales mediante los que comunicarnos con los administradores de estos sitios web o incluso con las autoridades competentes para denunciar lo que nos parezca injusto, ilegal o que atenta contra la dignidad de las personas.

Aparecen aquí ya, a la luz de estos conceptos, algunas competencias que deberá tener el alumno y el ciudadano 2.0. El ciudadano ya no es un mero consumidor pasivo y acrítico. Podemos pensar que la juventud hoy es más apática o carece de implicación social en algunos momentos, pero la realidad es que una inmensa mayoría de ellos ponen en marcha estas habilidades cada día cuando entran en la red.

A partir de aquí, os proponemos una primera pregunta para la reflexión: ¿Soy un padre 1.0 o 2.0? Es decir, cuando me relaciono con mi hijo, ¿simplemente le doy información y él la consume sin opción a la interacción entre nosotros, al comentario o la denuncia? ¿O, por el contrario, establezco modelos de comunicación en los que mi hijo puede crear, comentar, valorar o compartir en relación a aquello que le estoy diciendo? Aunque siempre seremos su modelo primario de referencia, parémonos a reflexionar un momento sobre este particular, porque, su «cerebro digital», conformado a partir de su identidad como usuario de las tecnologías, está acostumbrado a actuar de esta segunda forma.

La Orientación Profesional en un entorno digital

Cuando nos planteamos su Orientación Profesional, los padres debéis considerar que vuestros hijos deberán tener, desde la perspectiva de la tecnología, tres tipos de habilidades: cognitivas y competenciales, técnicas y éticas.

aLas habilidades cognitivas y competenciales se refieren a las capacidades que deben tener los ciudadanos del siglo XXI para enfrentarse con garantías a un futuro cambiante que aún vemos difuminado. Nos referimos a la «adaptación al cambio», que ya hemos comentado más arriba. En el ámbito de las habilidades cognitivas y competenciales está también «la inteligencia social y el pensamiento crítico y adaptativo». Éstas son capacidades clave y cobrarán mayor importancia cada día. Cualquier trabajo futuro en una sociedad tecnificada necesitará de gente capaz de interactuar, analizar críticamente las situaciones y adaptarse a los distintos contextos, retos y situaciones de incertidumbre a los que deberá enfrentarse trabajando en red y de forma colaborativa.

Por otro lado, es necesario también cultivar la «actitud emprendedora» desde una visión amplia. Esto quiere decir que debemos entenderla como la capacidad de leer la realidad e identificar los problemas, para después plantear soluciones creativas e innovadoras y llevarlas a la práctica.

Sin duda, otra de las competencias que debemos potenciar con intensidad es la capacidad de buscar, analizar y seleccionar la información para después convertirla en conocimiento. La red nos ofrece una cantidad ingente de contenido e información, pero no todo es válido ni está a «golpe de clic».

Como capacidad global y generalista, no hay que dejar de lado tampoco «hablar diferentes idiomas». En esta sociedad globalizada, el intercambio con personas de otras culturas o que hablen otras lenguas será habitual y debemos prepararnos para ello.

Por último, está la competencia de aprender a aprender. Debemos estar listos para seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida y hacernos conscientes de que una parte (quizá una buena parte) del conocimiento que adquiramos en nuestra vida académica quedará obsoleto, y lo que contará es la capacidad de seguir aprendiendo cada día.

bLa dimensión propiamente técnica, se refiere a concretar más los puntos anteriores y bajar a la arena de las redes, los teclados y la conectividad. Eso sí, siempre desde la perspectiva del «aprender a aprender» a la que nos acabamos de referir. Debemos ser conscientes de la prevalencia que deben tener los aprendizajes competenciales y procedimentales sobre el dominio de determinados programas y aplicaciones.

Para ello es necesario haber adquirido los rudimentos básicos para entender la tecnología, evaluarla y utilizarla en pro del aprendizaje y crecimiento personal y profesional, bajo el paraguas de la «alfabetización digital».

Esta «alfabetización digital» tiene que ver con «moverse cómodo» en este mundo 2.0. Se trata del manejo de aplicaciones para la generación de contenidos digitales en nuevos lenguajes, el manejo de redes sociales y otras herramientas de colaboración o el uso de dispositivos móviles como herramienta para el acceso a la información y el aprendizaje, en cualquier momento y en cualquier lugar. Vuestros hijos llevan en el bolsillo lo que algunos expertos han dado en llamar «la memoria extensiva», un dispositivo que va mucho más allá de un teléfono móvil y que constituye una verdadera unidad de ampliación de las potencialidades de su cerebro biológico. Con el teléfono se interactúa de tal forma que contribuye a configurar la totalidad de las capacidades tanto a nivel cognitivo como emocional.

También existen otros conceptos aún en ciernes pero que tomarán especial relevancia los próximos años, como son la robótica y la programación. No se trata sólo de un contenido tecnológico, sino más bien de un modelo metodológico que pone sobre la mesa patrones complejos de pensamiento y procesamiento de la información. Además, hace que los alumnos adquieran competencias y conocimientos de gran valor para su futuro. Junto a esto, el uso de videojuegos, siempre en su justa medida y bien escogidos, puede fomentar de forma lúdica estos aprendizajes a los que nos estamos refiriendo.

cPara finalizar, la componente ética se ocupa de formar a ciudadanos íntegros, empáticos y capaces de aprovechar el potencial de las tecnologías para mejorar su realidad. El uso responsable de las TI C en general y la red en particular resumiría bien este último paquete de conocimientos y competencias en las que vuestros hijos deberían moverse con soltura. Y aparece aquí un concepto en el que me gustaría incidir por la relevancia que tendrá en el futuro de vuestros hijos: es eso que hemos llamado identidad digital.

La identidad digital

La identidad digital es, por proponer una definición sencilla, lo que Internet dice de mí, ya sea porque yo mismo lo he dicho (lo he publicado) o porque lo han dicho terceros (un amigo que publica una foto, la administración que hace público un dato mío, etc.). Todos, absolutamente todos, tenemos una identidad digital, puesto que la red dice cosas de cada uno de nosotros. Un papel clave que tenemos como padres es, en primer lugar, cuidar nuestra propia identidad digital pero, sobre todo, acompañar a nuestros hijos en la conformación de la suya explicándoles que todo lo que está en la red es lo que nos define como «ciudadanos digitales» y será lo que el resto de usuarios conocerán sobre lo que soy, lo que pienso o sobre cuáles son mis gustos o cualidades. Debemos cultivar esta identidad desde un punto de vista ético, sin mentiras, y acostumbrarnos a gestionarla cuidando por un lado la publicación de contenidos que puedan ofender o molestar a otras personas y por otro publicando aquellas cosas que pueden ayudar a otros a aprender, crecer o simplemente a aprovechar lo que he creado y compartido.

Y como padres, ¿qué debéis saber? ¿Qué debéis aprender? ¿Qué podéis exigir o solicitar a las personas que os apoyan en la educación de vuestros hijos? ¿Cómo podéis ayudar a vuestros hijos? Hagamos algún apunte a este respecto.

En primer lugar, debemos comprender que «lo virtual» no deja de ser un espejo de lo analógico. Por ello, los límites, la confianza, la autonomía o la capacidad de toma de decisiones que habéis inculcado en vuestro hijo gracias a la educación en la familia, será lo que él aplique y ponga en funcionamiento en su vida al otro lado de la pantalla.

Por otro lado, es necesario que toméis conciencia, en la medida de lo posible, de la realidad «digital» en la que viven y crecen vuestros hijos. Tenemos que ser conscientes de que un niño que juega en red, si lo hace con responsabilidad y entendiendo los límites, está jugando, aprendiendo y adquiriendo competencias. Debemos entender que internet es la nueva plaza del pueblo; las redes sociales, sus nuevos canales de comunicación, y los videojuegos en red, la nueva acera del barrio. Eso no significa que no tengamos que fomentar el encuentro cara a cara o el juego más allá de lo digital. Sólo debemos tener en cuenta que, en la actualidad, existen dos realidades complementarias: una analógica y otra digital. Lo cierto es que un joven de hoy no puede entenderse sin una y otra. La «vida digital » de vuestros hijos es un factor clave de su identidad personal que tenéis que conocer, atender y educar como padres.

Conocer las nuevas tecnologías

Asumido esto, es necesario acercarse a la tecnología y adquirir algunos conocimientos básicos para poder estar junto a ellos. No es necesario (o más bien es imposible), conocer y dominar las aplicaciones y herramientas que utilizan en cada momento, pero sí podemos informarnos de cuáles son y qué funcionalidades y potencialidades (con sus luces y sombras) tienen para poder hablar y reflexionar juntos. Este manejo, aunque sea rudimentario, de algo tan sencillo como las redes sociales, nos puede ayudar también a aprender más y más, a estar informados sobre estos temas y saber comunicarnos, en un círculo virtuoso, con otros padres y expertos que nos ayuden a crecer también a nosotros en nuestra tarea educadora.

Por otro lado, debéis exigir al «ecosistema educativo» (desde las administraciones a los docentes), que esté preparado para ayudarles en la conformación de su identidad digital y que esté capacitado para aprovechar al máximo el potencial educativo de estas herramientas. Sin duda redundará en la mejora de la calidad de la educación que reciben. No temáis exigir profesores formados, de orientación 2.0, capaces de proponer a los alumnos actividades realmente significativas, retadoras, emocionantes, que promuevan en ellos las competencias y los aprendizajes de los que hemos hablado, a través de metodologías activas que pongan a vuestros hijos en el centro de su proceso de aprendizaje. La relación familia-escuela debería también jugar un papel protagonista. Las escuelas de padres, por ejemplo, pueden ser un buen foro en el que aprender y debatir sobre estos temas para solucionar nuestras dudas y compartir nuestras inquietudes.

Internet democratiza el conocimiento y nos abre una ventana infinita para conocer el mundo, y alguien que conoce mundo es alguien tolerante y empático. Y yo me pregunto: ¿Acaso no es justo lo que queréis para vuestros hijos?

En definitiva, se trata de colaborar desde la familia para que vuestros hijos sean auténticos ciudadanos digitales, que conocen la tecnología, comprenden sus luces y sombras, entienden que su uso trae consigo derechos y obligaciones, y la utilizan de forma responsable para construir un mundo mejor. Es también vuestra mejor contribución para que, una vez llegado el momento, puedan desenvolverse con eficiencia en los entornos digitales en los que están llamados a desarrollar su actividad profesional futura.

Para pensar sobre la educación en competencia digital de vuestros hijos

Puedes reflexionar individualmente sobre las preguntas que se plantean aquí, comentarlo con tu hijo o buscar información en internet relativa a lo que se cuestiona a continuación:

1. ¿Sabrías definir qué es la web 2.0 y cuáles son sus características? Una vez las tengas claras, contrástalas con tu modelo educativo y las metodologías de aprendizaje que tienen tus hijos en clase. No
2. Teclea en un buscador lo siguiente: herramientas web 2.0 para Educación. Verás cuántas herramientas existen para ayudar a tu hijo. Busca una que te parezca atractiva y ponla en uso ayudando a tu hijo con sus trabajos y sus estudios. No
3. Revisa: ¿Qué y cuántos momentos recuerdas haber propiciado en los que has compartido con tu hijo ratos de ocio, estudio o búsqueda de información a través de las tecnologías? Por ejemplo, jugar con la videoconsola, compartir sus redes sociales, ayudarle a crear alguna presentación o contenido relacionado con sus estudios, etc. No
4. En educación, a menudo hablamos del «efecto Pigmalión», que básicamente nos cuenta la historia de este mito antiguo. Lo cierto es que, a partir de un experimento, se demostró que las expectativas que tengo sobre mis alumnos (mis hijos en este caso) tienden a cumplirse. Reflexiona sobre las expectativas personales y profesionales que tienes y proyectas sobre tu hijo. En la medida de lo posible, hazle ver que confías en él y que es capaz, con esfuerzo, de llegar a donde se proponga. No