15. La competencia intercultural y de internacionalización

José Manuel Sáenz Rotko

Claves para favorecer la empleabilidad de vuestros hijos en un mundo global

Vuestros hijos tendrán que desempeñar una carrera profesional en un mercado laboral cada día más global, en el que se relacionarán y competirán con personas de todo el mundo. Vuestros hijos pueden –y deben– prepararse para ese futuro. ¿Cómo acertar en esta tarea? ¿Qué debéis tener en cuenta para ayudarles a prepararse para este escenario? Aquí os ofrecemos unas pautas para que, como padres, podáis ayudarles de forma natural y efectiva.

¿Qué debéis tener en cuenta para ayudar a vuestros hijos a prepararse para un escenario cada día más global? ¿Cómo afianzar sus valores interculturales? ¿Qué claves necesitan para desarrollar la competencia intercultural?

6 claves para una Orientación Profesional en un entorno globalizado

1

Conocer y valorar la propia cultura, tradición y lengua.

2

Ampliar el horizonte de «mi mundo».

3

Despertar el interés por los temas globales.

4

Entender lo diferente como enriquecedor.

5

Conocer y convivir con otras culturas en primera persona.

6

Aprender lenguas extranjeras como puente de comunicación.

En el protocolo de los negocios en China, lo habitual es celebrar la firma de un contrato con una cena ceremoniosa en un buen restaurante. Así pues, el representante de la empresa británica, que acababa de cerrar un gran negocio con una compañía china, fue el invitado de honor de aquella cena elegante celebrada en uno de los mejores restaurantes de Shanghái. Para agasajar al invitado, el presidente de la empresa chino ordenó al camarero que, como primer plato, sirviera sopa de serpiente. Para ilustrar la excelencia del producto, el jefe de cocina presentó al británico la serpiente viva antes de convertirse en condimento de la sopa. Haciendo de tripas corazón, nuestro hombre londinense probó la sopa. Con la intención de no ofender a los anfitriones y poner en peligro el contrato se la acabó entera y dejó el plato limpio como una patena. El gerente chino se apresuró entonces a dar nuevas órdenes al metre y a los cinco minutos llegó un nuevo plato de sopa, hecho a base de una serpiente aparentemente más opulenta. Otra vez los buenos modales del comercial británico no le permitieron rechazar el plato. Al acabárselo de nuevo, y para sorpresa y gran pesar suyo, llegó, tras las órdenes pertinentes del socio comercial chino, el tercer plato todavía más impresionante… de sopa de serpiente.

Unos días más tarde, de vuelta en la capital británica, nuestro empresario fue ilustrado por una persona bien formada en las cuestiones interculturales de que acabarse un plato por completo indicaba a un anfitrión chino que el invitado se había quedado con hambre y que debía evitar una ofensa ofreciendo una mayor cantidad de la misma comida. De haber prestado mayor atención a las normas sociales de culturas diferentes a la suya propia, el delegado británico se habría evitado una indisposición estomacal.

Adaptación de un spot publicitario del banco multinacional británico HSBC bajo el eslogan «El banco mundial más local»

Con cierta frecuencia escuchamos aquello de que «en España se vive mejor que en cualquier otro lugar del mundo». El mejor vino es el español; la belleza de sus playas, insuperable, al igual que su gastronomía. Y el clima es único, como lo es su riqueza artística y cultural. En fin, la idea de «como en España, en ningun lado». Tales afirmaciones, más que de resultados comparativos de personas muy viajadas y conocedoras de medio mundo, provienen en general de gente que, justo al contrario, no ha salido de su entorno local, regional o, como mucho, nacional. Son, en realidad, prejuicios basados en el desconocimiento de cualquier otro país, cultura o sociedad diferente a la suya propia. Reflejan la expresión de que nos creemos el ombligo del mundo, precisamente porque no somos capaces –o no queremos– mirar más allá de nuestro propio ombligo.

Con la crisis económica, que ha afectado con especial fuerza a nuestro país en los últimos años, hemos hablado más que antes de movilidad laboral internacional. Muchos de nosotros conocemos algún ingeniero que se ha ido a Alemania, una enfermera que vive ahora en el Reino Unido o incluso trabajadores de la construcción que han encontrado oportunidades en Angola o los estados de la región del Golfo. Quizá para muchos en España, la movilidad laboral internacional esté siendo todavía un «mal menor» frente al hecho de no tener trabajo, algo, en definitiva, no deseado. Pero la crisis no ha hecho otra cosa que poner de relieve que la globalización influye, naturalmente, también al mercado laboral. Estudios recientes predicen que las personas que inician hoy su carrera profesional, no sólo cambiarán varias veces de empleador sino también de países de trabajo.

Un mercado laboral globalizado ofrece grandes oportunidades para aquellos que saben cómo preparase adecuadamente, que son capaces de adaptarse a estos cambios o de anticiparlos. Al margen de lo que un profesional debe saber de su propio oficio, la competencia más demandada en este mercado laboral global es la competencia intercultural. Internacionalizarnos significa entrar en contacto con personas que hablan, piensan, actúan de forma (aparentemente) diferente a la nuestra. La capacidad de entenderlos, no sólo a nivel lingüístico sino de forma integral, es decir, con su cultura, su sistema de valores, etc., es indispensable para poder trabajar con ellos en equipos multinacionales. Esos equipos son una realidad en la mayoría de las grandes compañías, en las que los compañeros de trabajo están físicamente repartidos por los cinco continentes, pero permanentemente presentes por videoconferencias, chats y Skype.

Un reciente estudio internacional del British Council sobre la relevancia de las destrezas interculturales, realizado entre 367 empresas de nueve países repartidos en cuatro continentes, arroja unos resultados muy ilustrativos al respecto: en torno al 90% de los directivos de recursos humanos encuestados asegura que la competencia intercultural es importante o muy importante en la selección de personal para sus empresas que, por lo general, actúan de forma global. La capacidad de relacionarse con éxito con otros países, otras organizaciones y personas depende en buena medida de si se poseen las competencias interculturales y de lenguas extranjeras necesarias para construir vínculos productivos, tanto en sectores privados (comercio o inversiones) como en el ámbito público de la administración nacional o los organismos internacionales.

Pero también para aquellos futuros jóvenes profesionales y muy especialmente para aquellos que han realizado ciclos de FP o de FP Dual que no se ven trabajando en el extranjero, la capacidad de relacionarse y comunicarse correctamente con personas de otras lenguas y culturas va a ser imprescindible. España no es una isla, sino destino de personas que vienen a vivir y trabajar aquí. No sólo el mundo se globaliza, también España.

OK

Estados Unidos

En 1839, unos humoristas de Boston crearon la abreviación para OK («todo correcto» o «todo bien») como un deliberado error de ortografía.

DINERO

Japón

El círculo formado por la unión del pulgar y el dedo índice representa una moneda.

CERO

Francia

Sin valor o sin utilidad. Para comunicar el equivalente al OK norteamericano, se usa el pulgar hacia arriba.

OBSCENO

Argentina, Brasil, Alemania, Grecia, Italia, Paraguay, Rusia, Singapur, España, Túnez

Este signo se usa como gesto despectivo para representar un orificio corporal.

Sello nómada Comunicación no verbal.

Fuente Original

¿Qué debéis tener en cuenta para ayudar a vuestros hijos a prepararse para este escenario, que se aleja bastante de aquel para el que os habéis formado vosotros?

Las cosas grandes empiezan con lo pequeño. Así, la competencia intercultural no se construye inicialmente y sólo con el aprendizaje de idiomas. Las lenguas son una herramienta más bien técnica que permite comprender y hacernos entender lingüísticamente. La habilidad intercultural debe construirse poco a poco y desde los cimientos más profundos, como si de un edificio se tratase. Te proponemos seis claves:

1. Conocer y valorar la propia cultura, tradición y lengua

Poder abrirse a otras culturas requiere, en primer lugar, tener una conciencia de nuestra propia identidad cultural. Saber cuál y cómo es nuestra propia cultura, sociedad y religión, conocer bien la propia lengua y respetar nuestro sistema de valores. Formamos parte de una tradición cultural, de pensamiento y de valores que, aunque no hayamos elegido conscientemente, debemos entender como aquello que nos otorga identidad. Una identidad que es reconocible también para aquellas personas que forman parte de una cultura diferente. Sólo teniendo identidad propia podemos reconocer identidades diferentes. Sólo respetando y valorando nuestra propia cultura estamos preparados para respetar y valorar otras culturas diferentes y comunicarnos eficazmente con ellas. Preocupémonos en un primer paso, pues, por una educación sólida en lo propio. Atendamos primero a la historia y la lengua española y a la propia Comunidad Autónoma. Después estudiemos la historia universal y los demás idiomas. Por ejemplo, leamos a Platón y Aristóteles seguidos de Confucio o Zaratustra, y no al revés. Entendamos el cristianismo, el judaísmo y el islam como expresión de nuestra cultura —aunque no necesariamente profesemos dichas religiones— para interesarnos después por el budismo o el hinduismo si queremos aspirar a alcanzar una visión integrada de la complejidad cultural de nuestro mundo global.

2. Ampliar el horizonte de «mi mundo»

Conocer la propia cultura no quiere decir «absolutizarla». Hay mucho más que lo mío propio. Para darnos cuenta de ello no tenemos más que mirar a nuestro alrededor. En las calles de nuestro barrio, en nuestra propia ciudad, escuchamos idiomas que no entendemos. La televisión e internet nos muestra constantemente lo que sucede en otros países. Por ello, debéis preocuparos como padres para que vuestros hijos desarrollen una sensibilidad y comprensión hacia la pluralidad y diversidad que ya caracteriza hoy a todas las sociedades. Podéis y debéis percibirlas también en vuestro entorno más inmediato. Porque el horizonte del espacio geográfico y cultural en el que se desarrollarán las vidas de vuestros hijos en lo personal y en lo profesional ya no será su ciudad, ni siquiera su país, sino que será global y heterogéneo.

3. Despertar el interés por los temas globales

Una manera fácil y entretenida para fomentar esa conciencia es despertar en vuestros hijos el interés por las llamadas cuestiones globales. Para los jóvenes es fácil de entender que el cambio climático y la polución de los mares no son retos que pueda solucionar un país en solitario. Como tampoco cuestiones como los recursos energéticos, la sobrepoblación o las amenazas a nuestra seguridad. Todas estas problemáticas requieren de una respuesta negociada entre muchos o todos los países, precisa de la comunicación intercultural y del compartir con otros entornos culturales nuestras preocupaciones. Para ello, tenemos que entender a los demás, y también confiar los unos en los otros. Tratar estos temas ayuda a que vuestros hijos, desde el marco de su identidad como ciudadanos europeos, se entiendan cada vez más también como ciudadanos de un mundo global que está dando los primeros pasos en su construcción.

4. Entender lo diferente como enriquecedor

Conocer el rol que juega la religión para un tibetano suma, no resta. Entender el valor del esfuerzo, la libertad del individuo y su desarrollo personal en la sociedad norteamericana suma, no resta. Percibir la importancia del orden o el trabajo bien hecho para un alemán suma, no resta. Conocer la cocina peruana o tailandesa suma, no resta. La diferencia entraña valor añadido. El conocimiento de la diferencia nos abre la puerta a relativizar alguno de nuestros propios valores, o a darles incluso mayor importancia. Forma parte de la habilidad intercultural identificar fortalezas de otra cultura. Hacerlo nos permite incorporar elementos o visiones externas a nuestro proyecto de vida y, con ello, enriquecerlo. Por eso debéis ayudar a vuestros hijos a convencerse de que otras culturas pueden tener el mismo valor que la propia.

5. Conocer y convivir con otras culturas en primera persona

El conocimiento de cómo viven y piensan otras culturas aprendido mediante lecturas de libros no puede sustituir en ningún caso la experiencia personal. Debemos preocuparnos por que nuestros hijos se relacionen con otros jóvenes de entornos culturales y de lenguas diferentes. Si la economía lo permite, pensad en enviar a vuestro hijo a un campamento o curso de verano en el extranjero donde pueda integrarse en la vida diaria de una familia local. Pero tampoco son necesarios grandes y costosos viajes para una experiencia en primera persona. Con gran probabilidad, en el colegio, incluso en la propia clase de vuestro hijo, hay niños que hablan otras lenguas. O hijos de compañeros de trabajo, del equipo de deportes, de familiares que se han casado con extranjeros. ¿Se relacionan vuestros hijos con los suyos? Sólo la experiencia en primera persona —y mejor desde temprana edad— os asegura que vuestros hijos vivan las relaciones interculturales con la naturalidad, el interés y el respeto más absolutos.

6. Aprender lenguas extranjeras como puente de comunicación

¡Cómo no! Ya todos tenéis bastante asumido que fomentar en vuestros hijos el estudio de lenguas extranjeras es uno de los aspecto más importantes para su futuro laboral. Y así es, sin duda. Con cuantas más personas puedan comunicarse mediante algún idioma compartido, mayores serán sus opciones de empleabilidad en un mercado laboral global. Más aún si vuestros hijos han decidido realizar estudios de FP o FP Dual. Dicho de manera más radical —pero no menos cierta—: para una carrera profesional de éxito, el dominio del inglés y una base en una segunda lengua extranjera serán herramientas imprescindibles para la generación de vuestros hijos. De lo contrario serán considerados cuasi «analfabetos». Y los idiomas, no lo olvidemos, son también el instrumento para comprender con mayor profundidad las diferentes culturas, de las que sus lenguas son la principal expresión. Nunca es mal momento para empezar a aprender un idioma, si bien lo mejor es comenzar en edad temprana. La ventaja de los colegios bilingües es que los niños aprenden una lengua extranjera de la manera más natural posible: como si fuera otra lengua materna. Nuestra madre no nos ha dado clases de español, simplemente lo hemos ido asimilando. Pero igualmente bilingüe puede llegar a ser un niño que empieza el estudio del inglés con 10 años, siempre que lo haga con ilusión, compromiso y el mismo rigor que es necesario para aprender, por ejemplo, matemáticas.

Como padres, ¿tenéis presentes estos aspectos para favorecer en vuestros hijos la competencia intercultural y de internacionalización en vuestro proyecto de vida familiar?
1. Conocer y valorar la propia cultura, tradición y lengua. No
2. Ampliar el horizonte de «mi mundo». No
3. Despertar el interés por los temas globales. No
4. Entender lo diferente como enriquecedor. No
5. Conocer y convivir con otras culturas en primera persona. No
6. Aprender lenguas extranjeras como puente de comunicación. No

Para avanzar desde la familia en la competencia intercultural de vuestros hijos

Como hemos podido comprobar, la «competencia intercultural», tan valorada por las empresas a la hora de favorecer la empleabilidad futura de vuestros hijos, va mucho más allá del dominio de idiomas. Hay que empezar a desarrollarla progresivamente desde la infancia y en muchos niveles diferentes. El nivel más importante es, sin duda, el de la experiencia personal. El hecho de estar en contacto con personas de otras culturas, no sólo durante un viaje de vacaciones sino en lo cotidiano del día a día, es fundamental. El hecho de sentir y participar, en cierta medida, de otra cultura, proporciona el conocimiento, la voluntad y la sensibilidad necesarias para desarrollar lo esencial de la destreza intercultural. Me refiero a la capacidad de respetar y adaptarse a formas de pensar y maneras de hacer diferentes, que constituyen la base del funcionamiento del trabajo en equipo en un entorno profesional internacionalizado como el que espera a la generación de vuestros hijos.

Como decíamos, lo grande empieza con lo pequeño. A continuación os proponemos algunas ideas para dar un paso concreto más en el camino de la internacionalización de vuestros hijos. Podéis empezar hoy mismo. Son propuestas sencillas, fácilmente realizables y hasta entretenidas, pero no por ello menos efectivas:

1Haced una excursión a un museo antropológico, histórico o de bellas artes y mostrad a vuestros hijos el interés que tiene para vosotros y que debería tener para ellos, conocer, valorar y estar orgulloso de la tradición cultural de la que formamos parte.

 

2Plantead en el colegio de vuestros hijos que trabajen algún proyecto sobre una cuestión global. Encajan en casi cualquier asignatura y se prestan para realizar proyectos interdisciplinares. O, cuando sea posible, regalad a vuestros hijos un libro interesante sobre el cambio climático u otra temática global que pueda interesarles.

 

3¿Por qué no cenar comida tailandesa, marroquí, india o peruana una vez al mes? Implicad a vuestros hijos en el «día familiar de la cocina internacional». Es divertido y puede ser una excelente excusa para que quieran saber más sobre aquellas culturas. Aparte de que puedan enamorarse de sus deliciosos platos.

 

4Para el próximo cumpleaños de vuestro hijo proponedle hacer una fiesta multicultural e invitad a todos los niños que conocéis que provienen –o cuyos padres son– de otros países. ¿Cuántos países sumamos? Es una buena manera no sólo de abrir el horizonte sino también para hacer amistades interculturales.

 

5Hablad con vuestro hijo sobre cómo podéis darle un perfil intercultural a las próximas vacaciones. Un viaje al extranjero, un viaje virtual a través de libros y museos sobre otros países, un campamento de idiomas etc., pueden ser buenas propuestas. Incorporad al joven en la planificación e intentad tener en cuenta sus propias propuestas.

El mundo es hoy más pequeño que nunca. Las distancias parecen haber desaparecido. Comunicarnos con un desconocido en Australia no sólo es posible mediante internet y las redes sociales sino que es gratis. Nos enteramos en tiempo real de lo que está sucediendo en lugares remotos y, además, esos sucesos pueden tener un efecto bastante directo e inmediato en nuestras vidas. La globalización acerca e interconecta a todas las personas que habitamos este planeta. Por ello intuimos, mejor dicho, sabemos que vuestros hijos tienen que preparase para un mundo que no es el mismo para el que os habéis formado vosotros.

Espero que todo lo que hemos compartido en este capítulo os pueda haber resultado inspirador para que, desde los hábitos y rutinas de la educación familiar, podáis ayudar a vuestros hijos a desarrollar esa competencia intercultural y de internacionalización que tan importante será para multiplicar sus posibilidades de empleabilidad futura en un mundo cada vez más global.

También para vosotros, los padres, como los primeros orientadores profesionales de vuestros hijos, vale aquello de «pensemos en lo global y actuemos en lo local».