04. Mucho más que sacar buenas notas: Bachillerato en equipo

Belén De La Banda Soriano — Nacho Gonzalo Misol

Los años pasan volando. Los adolescentes van adquiriendo autonomía propia y, para buena parte de las chicas y los chicos españoles, el fin de la Educación Secundaria da paso al Bachillerato. Es, probablemente, su primera elección importante en la vida y, aunque las familias les animemos a dar este paso, también debemos ser conscientes de que esta etapa ya no es obligatoria. ¿Cómo podemos colaborar como padres y principales educadores en la Orientación Profesional de nuestros hijos durante esta etapa?

Durante estos años de Bachillerato, ¿qué hacemos los padres para que nuestros hijos descubran todo su potencial y desarrollen su proyecto vital y personal en los tiempos que les tocará vivir? ¿Qué especialidad de Formación Profesional debemos escoger?

Todos sabemos que seguir estudiando una vez finalizada la Educación Secundaria Obligatoria es una opción personal, una manera de ir moldeando la vocación de cada persona. En definitiva, no se trata solamente de una nueva etapa de estudios, sino de dos años en la vida de nuestros hijos que están muy ligados a la Orientación Profesional que vayan a seguir en el futuro. Lo que distingue al Bachillerato es que en estas edades las preguntas existenciales sobre el futuro profesional, sobre los estudios posteriores y sobre «qué voy a ser en la vida» lo impregnan todo, para bien y para mal. Además, la presión por los resultados, que condicionará sus posibilidades inmediatas a la hora de aproximarse a ese futuro que buscan, pesará de forma ineludible y creciente a lo largo de estos dos años. ¿Qué podemos hacer los padres para ayudarles en esta etapa?

El momento de la elección

El solo hecho de haber llegado al Bachillerato implica que un alumno ya ha tenido la necesidad y la oportunidad de elegir. Las optativas de 4º de ESO suelen condicionar la modalidad de Bachillerato que más tarde se decidirá cursar. A pesar de esto, hemos de tener en cuenta que la elección no siempre resulta la más adecuada. Nuestra experiencia dice que los centros educativos, ante la dificultad para organizar y proponer una gran variedad de opciones, se limitan a una oferta que se concreta en dos o tres asignaturas diferentes en cuarto curso. No es difícil escoger, pero en ocasiones el alumno se decanta por evitar las asignaturas que «no se le dan bien». Esto supone una primera selección del alumnado y, debido a las optativas elegidas, los grupos de 4º de ESO son con frecuencia muy diferentes entre sí, incluso en los centros que priman la heterogeneidad de los grupos durante el resto de la Secundaria. Las elecciones de Bachillerato suponen otro proceso de autoselección, en el que pesa, por una parte, el miedo a las asignaturas «exigentes» que harán bajar la media y, por otra, la influencia de cada modalidad en los distintos estudios universitarios o de Ciclo Superior de Formación Profesional. Con frecuencia, el centro, además de facilitar información a los alumnos de 4º de ESO, convoca a los padres para explicar el abanico de posibilidades formativas y laborales que se les abre y, a la vez, señala las opciones que podrían cerrarse en función de la elección que se lleve a cabo.

En los últimos años crece el número de alumnos que se sienten atraídos por el denominado Bachillerato Internacional, que se puede cursar en unos pocos centros educativos, aunque cada vez son más los de titularidad pública que lo ofrecen, pero optar por él puede significar cambiar de centro para continuar los estudios. Tiene un horario más amplio y una perspectiva más centrada en el trabajo integral del alumno, en el estudio con orientación científica, en la consulta y evaluación de fuentes, en el trabajo en equipo, en la dedicación de una parte de las tareas al compromiso social, la creatividad y la acción en distintos ámbitos no formales (deporte, música, organizaciones). En general, se espera una gran responsabilidad del alumno en sus estudios, lo que supone un cambio interesante después de los cursos de Educación Secundaria. Por último, y no menos importante, el grupo social se diversifica, no solamente porque cambia de clase o de centro sino, sobre todo, porque reúne a personas con intereses diferentes que comparten la exigencia con respecto a sí mismos y al grupo.

Aunque los marcos legales no son iguales en todos los ámbitos territoriales, y cambian con cierta frecuencia en diferentes Comunidades Autónomas, e independientemente del abanico de opciones reales que se plantean para cada estudiante, nos gustaría considerar algunos aspectos comunes que pesarán en el ámbito familiar y sobre los que habrá que tomar conciencia, trabajar, decidir y desarrollar desde las familias, y especialmente por parte de los padres.

La familia ayuda a desarrollar otras capacidades

La etapa de los 16 a los 18 años está marcada por el avance hacia la mayoría de edad y, por lo tanto, por la plenitud de capacidades y responsabilidades en todos los ámbitos de la vida. Pero muchas de estas capacidades se ejercitan o practican con mayor frecuencia en el ámbito familiar o extraescolar. Todas ellas se desarrollan a lo largo de la vida, y el reto consiste en consolidarlas antes de alcanzar el nivel de plena autonomía que supone la mayoría de edad, aunque todos sabemos que en nuestra sociedad «autonomía» y «mayoría de edad» no siempre coinciden. Podemos agrupar estas capacidades en cuatro tipos diferentes:

BACHILLERATO (LOMCE, 2014)

Su finalidad es la de proporcionar a los alumnos formación, madurez intelectual y humana, conocimientos y habilidades que les permitan desarrollar funciones sociales e incorporarse a la vida activa con responsabilidad y competencia. Asimismo, capacitará a los alumnos para acceder a la Educación Superior.

Se organiza en 2 cursos y en 3 modalidades diferentes, con distintas vías según las materias específicas de modalidad y optativas elegidas por el alumno que configuran su itinerario educativo personal.

Organización

  • MODALIDAD DE CIENCIAS
  • MODALIDAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES
  • MODALIDAD DE ARTES

Evaluación y promoción

  • Continua y diferenciada según las distintas materias.
  • Se promociona de 1º a 2º cuando se hayan superado las materias o, como máximo, tengan evaluación negativa en dos materias. En todo caso, deberán matricularse en segundo curso de las materias pendientes de primero. Los centros docentes deberán organizar las consiguientes actividades de recuperación y la evaluación de las materias pendientes.
  • Sin superar el plazo máximo de 4 años para cursar el Bachillerato, los alumnos podrán repetir cada uno de los cursos de Bachillerato una sola vez como máximo, si bien excepcionalmente podrán repetir uno de los cursos una segunda vez, previo informe favorable del equipo docente.
  • Se organizan pruebas extraordinarias de las materias que no hayan superado.
  • La superación de las materias de segundo curso que impliquen continuidad estará condicionada a la superación de las correspondientes materias de primer curso.

Evaluación final de Bachillerato (Reválida)

Los alumnos y alumnas realizarán una evaluación individualizada al finalizar Bachillerato, en la que se comprobará el logro de los objetivos de esta etapa y el grado de adquisición de las competencias correspondientes en relación con las siguientes materias:

  • Todas las materias troncales de 2º.
  • Dos materias de opción, del bloque de asignaturas troncales, en cualquiera de los cursos.
  • Una materia del bloque de específicas cursada en cualquiera de los cursos, que no sea Educación Física ni Religión.

Sólo podrán presentarse a esta evaluación aquellos alumnos que hayan obtenido evaluación positiva en todas las materias.
La superación de esta evaluación requerirá una calificación igual o superior a 5 sobre 10.
Los alumnos que no hayan superado esta evaluación, o que deseen elevar su calificación final de Bachillerato, podrán repetir la evaluación en convocatorias sucesivas, previa solicitud y se considerará la calificación más alta de las obtenidas.
Se celebrarán al menos dos convocatorias anuales, una ordinaria y otra extraordinaria.
Si no se supera la evaluación final el alumno recibirá un certificado que le permitirá acceder a los Ciclos Formativos de Grado Superior.

Título de Bachiller

Superación de la evaluación final de Bachillerato y una calificación final de Bachillerato igual o superior a 5. La calificación final de esta etapa:

  • 60%, la media de las calificaciones de las materias de Bachillerato.
  • 40%, la nota obtenida en la evaluación final de Bachillerato.

El título de Bachiller permite acceder a las Enseñanzas Superiores Universitarias y de Ciclos Formativos de Grado Superior, y en él deberá constar la modalidad cursada, así como la calificación final.

En primer lugar, tenemos los aspectos que configuran la autonomía personal, como desplazarse, usar medios de transporte público, ser responsable de su ropa y de su aseo, de su alimentación –lo que incluye habilidades en la cocina y conocimientos para tomar decisiones correctas–, elegir actividades de ocio como música o cine, etc. Esta autonomía incluye el acceso y el buen uso de determinados elementos como la televisión, el ordenador o diferentes dispositivos entre los que el rey actual es, sin duda, el teléfono inteligente, con su secuela de correo, WhatsApp, y demás aplicaciones y funciones. Todos estos dispositivos no conocen horarios y desbordan todas las previsiones. Más allá de los roces que se puedan producir entre padres e hijos, configuran un conjunto de acciones cotidianas que pueden marcar considerablemente el desarrollo de esa autonomía, ya que afectan a la capacidad de programarse, a organizarse personalmente y a respetar a los demás. Todas ellas tienen en común la forma en que aprendemos a asumir responsabilidades que, poco a poco, son propias del mundo adulto. Una buena idea sería, por ejemplo, que cada integrante de la casa fuera responsable de preparar una especialidad de alimentación (cosas sencillas como pasta, carne a la plancha, ensalada, sopa o frutas cortadas). Cuando son varios hermanos cada cual se ocuparía de un plato, que podría elegirse en función de los gustos personales y así contribuir a la dieta familiar.

Es importante ayudarles a adquirir autonomía animándoles a afrontar las decisiones en lugar de detallar las normas de arriba abajo. Por ejemplo, cuando nos preguntan: «¿A qué hora vuelvo?», en lugar de señalarles una hora concreta, podemos responder: «¿A qué hora necesitas volver, cuál es el plan que tenéis?». Podemos aplicar este criterio a otras preguntas, como la habitual de «¿cuánto dinero llevo?», que se responde con otra: «¿Cuánto crees que vas a necesitar, qué vas a hacer?», etc. En definitiva, se trata de promover la propia reflexión y la decisión antes que los límites y las normas fijadas de manera unilateral por los adultos, para pasar progresivamente del «hago –o no– lo que me dicen», propio de edades menores, a «decido lo que quiero hacer, y soy responsable de ello», en función de los criterios que se comparten y acuerdan en la familia.

En segundo lugar, en la familia podemos tomar a nuestro cargo el fomento de actividades de servicio, de ayuda a los demás, que suelen denominarse «aprendizaje en servicio». Si tu meta es convertirte en una persona útil para la comunidad, en estas edades puedes enseñar a niños más pequeños o ayudarles con los deberes y, en tu propio grupo de iguales, prestar apuntes, prestar libros de lectura o compartir lo que sabes o tienes. Para fomentar esta capacidad conviene participar en todas las actividades que ofrece el centro escolar, que según nuestra experiencia en colegios e institutos públicos, son muy adecuadas para los intereses y edades de cada uno. También podemos animar a los hijos a aprovechar las ofertas (concursos, visitas, organización de actividades…) que se van organizando a lo largo del año en nuestro entorno o comunidad más amplia.

Estas ideas nos llevan a un tercer aspecto al que los padres damos mucha importancia, pero que por lo general no nos vemos capaces de modelar: la necesidad de hacerse con un grupo de amigos sólido, un entorno de personas, de su misma edad, en las que confiar y con las que compartir sus iniciativas. La adolescencia es un momento muy delicado, porque la finalización de los estudios de Bachillerato puede suponer una ruptura con buena parte de las relaciones cotidianas que existían hasta ese momento. Pero por contrapartida, se abren valiosas oportunidades de encontrar afinidades por intereses. Podemos animarles a buscar entornos adecuados de educación no formal, como los grupos scouts, las actividades en una Casa de la Juventud municipal, grupos de teatro o de lectura, o equipos deportivos. Se trata de dar con entornos donde colaboren con iguales con un compromiso de tiempo, horarios comunes y posibilidades de aprender, divertirse y colaborar.

En cuarto y último lugar, queremos señalar la apertura a otras situaciones, posibilidades y culturas, que comienza desde edades más tempranas. Podríamos resumirla, sencillamente, en «tener la casa abierta», es decir, facilitar las reuniones del grupo de amigos, acoger en casa cuando hay iniciativas para trabajos en común, etc., y que continúa a partir de los 15 o 16 años cuando ya se han desarrollado muchas habilidades de autonomía personal y de grupo. Podemos convertirlo en una ocasión privilegiada para favorecer las experiencias internacionales que cada vez son más frecuentes en los institutos y colegios. Nos referimos, en concreto, a las actividades de intercambio, que se realizan, a menudo, durante una semana del curso escolar. Económicamente hablando, apenas supone el coste del desplazamiento en grupo y en autobús, y el de tener una persona más en casa durante una semana. Pero, atención: no se trata solamente de viajar, sino también, y sobre todo, de acoger: la familia está siempre dispuesta a recibir en casa por unos días a un alumno o a un profesor con el que el centro escolar organiza un programa de intercambio, o a estudiantes de nuestro idioma que desean practicarlo en nuestro país. Este tipo de relaciones enriquecen y abren puertas hacia el futuro. Se trata de invitar, de ejercer una sencilla política familiar de puertas abiertas, que no requiere una gran inversión.

Nos preocupa el incierto mundo laboral que se avecina

¿Qué le pedimos al colegio o al instituto en esta etapa de formación para la vida adulta? ¿Cómo podemos hacer una buena Orientación Profesional? Todo es poco, o demasiado, en estos años tan densos para las familias, así que vamos a señalar tres grandes ejes en los que tienen cabida muchas acciones posibles: calidad de la formación, orientación y desarrollo de la autoestima.

Calidad de la formación

Lo primero a lo que debemos prestar atención es a conseguir un aprendizaje de calidad en el Bachillerato. No podemos renunciar a ello. Para eso debemos fomentar el estudio en profundidad de las materias, centrarse en la ciencia básica o trabajar mucho sobre la comprensión de textos en lugar de preocuparnos, sobre todo los profesores, en «impartir» larguísimos temarios, tan amplios como superficiales. Muchos profesores se apoyan en la memoria mecánica –en la clásica «memorieta» apenas buena para el examen (y en el Bachillerato harán muchos exámenes, pues también aprenden a examinarse)–, cuando el aprendizaje de técnicas científicas contribuye mejor a desarrollar esas habilidades básicas con las que podrán aprender el resto de las cosas.

Gran parte de la calidad del aprendizaje se consigue mediante la práctica continua del trabajo en equipo, el aprendizaje de los idiomas y, en general, la organización interna del centro. Los colegios participativos, activos, que organizan sistemas de representación y resolución de conflictos (delegados y alumnos mediadores), o comisiones para diferentes actividades (biblioteca, semanas de filosofía o de ciencias, talleres de tecnología, grupos de ajedrez y otros deportes, teatro o coro) que llevan a cabo proyectos de intercambio y cuentan para ello con las familias son, en su conjunto, los que ofrecen mejores condiciones para desarrollar una formación de calidad.

Orientación

En segundo lugar, debemos orientar la vocación del alumno sin perder de vista las demandas del mercado. La empleabilidad tiene su punto de partida en una buena exploración profesional a través de las tutorías y la orientación personal y vocacional. En definitiva, debemos centrarnos en esta sola idea, pero con mucha fuerza. Todo el colegio debería orientar desde el momento en que el alumno entra en contacto con el centro. Esta tarea no sólo atañe a los profesores, también a los tutores y, por supuesto, a las familias, es decir, a todo el conjunto de la comunidad educativa. No debemos olvidar que de poco sirve una orientación aplicada solamente en 2º de Bachillerato, de modo que debemos atender a ella a lo largo de toda la formación. Se puede empezar por conocer la actividad comercial o industrial de la zona en la que se ubica el centro o vive la familia, algo muy sencillo, pero que casi nunca se hace. Por ejemplo, se podría organizar una visita a los polígonos industriales más cercanos. En nuestra experiencia, conocimos un instituto en una zona rural que estaba rodeado de varias empresas industriales de transformación, que, con buen criterio, animaba a los alumnos que tenían ganas de estudiar del siguiente modo: «Estudiad química para que los ingenieros sean de aquí…».

Existen muchas y diversas formas de completar las tareas orientadoras específicas del instituto. Una, muy sencilla, consiste en acompañar un día de trabajo al padre de algún compañero. Otra, en hablar con alumnos de primeros años de carrera, que les cuentan en su mismo lenguaje lo que se hace en el día a día de una Universidad, de un Ciclo Profesional o de Formación Profesional Dual, que cuenta con la ventaja de que el alumno realiza parte de su formación en una empresa. También nos parece útil organizar alguna reunión con personas recién licenciadas o que hayan terminado la FP, pues les hablan de lo que se encuentran en esa primera inserción profesional. Esta orientación personal, que está ligada al medio familiar, profesional o local en el que vivimos, que aprovecha los recursos cercanos disponibles, es el mejor complemento que vuestros hijos recibirán en su instituto o colegio.

Desarrollo de la autoestima

En tercer lugar, queremos detenernos en un aspecto quizá más importante que los dos primeros. Es esencial romper con los mitos del tipo «porque eres buen estudiante tienes que ir a ciencias» o señalar que determinadas carreras «no sirven para nada porque no encontrarás trabajo », etc. Aunque resulta sumamente útil conocer las demandas del mercado a la hora de elegir cómo seguirás formándote, si hay algo para lo que eres bueno y te interesa, que exista un mito sobre ello no debería desorientarte. Como hemos dicho, el tercer eje para crecer hacia la vida adulta es el desarrollo de la autoestima. No siempre es sencillo, porque en esta época los chicos pueden tener muchos intereses pero ninguno de ellos suficientemente sobresaliente sobre los demás. Y tampoco ayuda el hecho de que el Bachillerato a veces machaca a base de notas bajas «para que espabilen en la próxima ocasión», o con exámenes «para que cojan ritmo»… Al contrario: demasiados suspensos o notas poco brillantes incluso para estudiantes muy entregados van en contra del desarrollo de la autoestima como estudiante. Todo ello sumado a que los padres tampoco estamos convencidos de nuestra capacidad para cambiar este estado de cosas: consolamos, decimos que la vida es así; a veces peleamos por la nota, otras, les exigimos o les aconsejamos que se conformen… Por tanto, lo primero es convencernos de que como padres y madres podemos hacerlo: somos capaces de ayudar a nuestros hijos a encontrar sus puntos fuertes, sus talentos y valores. Y podemos apoyarles para que se mantengan apegados a lo mejor de ellos mismos cuando surgen dificultades. Si nos convencemos de nuestra propia eficacia como padres que acompañan a sus hijos, seremos capaces de contribuir a desarrollar de forma sana su autoestima, y reforzar sus capacidades.

6 claves para acompañar el desarrollo personal y vital de nuestros hijos durante la etapa del Bachillerato:

  1. Atender a la educación integral de todas sus capacidades.
  2. Favorecer su maduración humana y vocacional.
  3. Fomentar hábitos en la vida familiar que les faciliten su inserción en el mundo laboral.
  4. Enseñarles a anticipar las consecuencias de sus actos.
  5. Estar cerca en sus momentos de toma de decisiones.
  6. Expresarles nuestra confianza para que den sus propios pasos y que éstos les permitan construir con autonomía un proyecto personal de vida feliz.

Buscamos un desarrollo personal, vital

Resumimos: las asignaturas, los exámenes y sacar buenas notas; el desarrollo de la autonomía y de otras capacidades importantes para insertarse en la vida adulta; la preocupación por el futuro laboral… La etapa del Bachillerato está sin duda llena de emociones para padres e hijos y no es fácil procesarlas todas. Y, sin embargo, quizá lo más importante en esta época de la vida de cualquier persona gira en torno a la idea del desarrollo vital, del crecimiento personal. ¿Qué hacemos las madres y los padres para que nuestros hijos descubran todo su potencial y desarrollen su proyecto vital y personal en los tiempos que les tocará vivir? Acompañarlos en su crecimiento es una de las cosas más importantes que podemos hacer en la vida. A continuación, detallamos seis apartados que nos servirán para trazar un mapa básico:

1Nos gusta atender a la educación integral de nuestros hijos: cine, teatro, lectura, naturaleza, el valor del silencio, la tranquilidad, la solidaridad o el deporte. Existen infinitas posibilidades, y dependen de la cultura y de la estructura familiar. Se podría decir de otra forma más flexible: todo lo que no dé el centro escolar lo tenemos que aportar en casa.

Tenemos que funcionar como el contrapeso a la idea de que lo único que sirve son los resultados. Hemos de valorar los esfuerzos de nuestros hijos para compensar esa tendencia de los centros hacia una especie de doble moral del «resultadismo »: siempre se dice que la evaluación es continua y que se valora el esfuerzo, pero en la práctica el Bachillerato atiende a los resultados y prescinde de muchas otras cosas. Por eso es importante que las familias no caigan en la misma trampa. Existen otras dimensiones, como la música –instrumental o vocal–, el arte –dibujo, cómic– o el deporte de equipo que pueden colaborar de forma muy eficaz para conseguir que las personas disfruten de un desarrollo integral o equilibrado.

2Hemos de atender a su maduración humana y vocacional. Lo señalamos más arriba: podemos proporcionar experiencias de éxito o mejorar la percepción de su autoeficacia asignando la responsabilidad de cuidar de hermanos más pequeños, o buscando compromisos concretos de los que deba rendir cuentas. Estas tareas de ayuda, ligadas a la vida real, no son obstáculo para permitirles soñar: hemos de apoyarles en sus proyectos sin coartar sus iniciativas. Nos decía una inteligente pediatra refiriéndose a los niños (¡de tan sólo un año!): sed muy tacaños con el «no», no lo digáis excepto para tres o cuatros cosas esenciales, aquellas de pura supervivencia. Trasladada la idea a los 18 años, hay que permitir y alentar que se proyecten sin hacerles nunca sentir que no se puede.

3Nos hemos acostumbrado a fomentar en la vida familiar hábitos que les faciliten su empleabilidad futura. Nos referimos a ese elemental manejo económico que supone saber lo que cuestan las cosas que usamos o las ventajas de las que disponen. En definitiva, resulta fundamental que sean conscientes del coste de la vida y de la disponibilidad económica de la familia. Esta conciencia va unida en ocasiones a hacer pequeños trabajos, a dar autonomía para su propia pequeña gestión, que va creciendo al llegar a esta edad. A este respecto, es recomendable propiciar hábitos que faciliten su movilidad, que les permitan el desplazamiento en bicicleta o en transporte público, que desarrollen su capacidad para definir rutas y controlar tiempos. Costumbres como éstas consiguen que el joven se comprometa y cumpla, fomentan la puntualidad, favorecen el dar cuentas en función de lo acordado, es decir, ayudan a ser siempre responsables de lo que tienen entre manos.

4Hemos intentado enseñarles a anticipar las consecuencias de sus actos. Se trata de dejarles elegir y que analicen las consecuencias de su elección. Lo hemos dicho más arriba: no les des todo hecho, devuélveles una pregunta que les haga pensar en lo que quieren, en lo que necesitan, ya sea tiempo, actividad o dinero. Con la práctica continuada, aprenderán a pensar cuáles pueden ser las consecuencias por sí mismos. El Bachillerato, los exámenes, la Selectividad a la que muchos se presentan, son factores de desgaste emocional: ayudemos también para que aprendan a controlar el estrés, la angustia o la tensión.

5Aunque no siempre nos sentimos preparados para ello, hemos de estar cerca para lograr una toma de decisiones lo más acertada posible en cuestiones académico-profesionales, que sea realista y esté acorde con sus talentos. Durante el Bachillerato debemos lidiar con las modalidades, con las optativas, con múltiples elecciones que afectan a las posibilidades posteriores, y hay que combinar intereses con eficacia.

En este sentido, es importante romper una lanza a favor de la Formación Profesional y de la Formación Profesional Dual (que ya hemos mencionado más arriba) y en particular de los Ciclos Formativos de Grado Superior. Tal y como su nombre indica, y aunque nuestra sociedad no lo reconozca con facilidad, se trata de formación superior, tan excelente como la universitaria. Estos grados profesionales pueden ser muy interesantes, ofrecen una enseñanza superior valiosa, más cercana al entorno profesional. Además, proponen una opción más realista, que puede coincidir con las expectativas personales. Permitidnos otro ejemplo: hace unos diez años, un chico con poco éxito en los estudios finalizó el Bachillerato con muchas dificultades y, aunque su familia le apoyaba para seguir estudiando, tenía al alcance un empleo de camarero. Para el joven aquello implicaba dinero en mano (insistimos, era hace diez años), la posibilidad de comprar un coche nuevo y hacer lo que hacen otros amigos de su barrio que ya habían dejado el instituto. Tocó sentarse con él y analizar qué otras cosas le interesaban, qué le gustaba. Entonces surgieron las máquinas, la electrónica y, por fortuna, un buen centro donde cursar ese ciclo. Han pasado los años, el joven ha crecido y trabaja en su especialidad. Y también se ha comprado el coche, pues los sueños, sueños son, pero nos corresponde hacerlos realidad.

6Toda esta ayuda que los padres ofrecéis a vuestros hijos está encaminada a que den sus propios pasos, esos que les permitan construir con autonomía un proyecto personal de vida feliz. Ideas como la de desarrollar talento o no aspirar simplemente a venderse como fuerza de trabajo pueden sonar a agua pasada, a palabras quizá desgastadas por el uso, sobre todo en esta época difícil que les toca vivir. Pero ¿cómo renunciar a ser feliz como persona, como alguien que contribuye y desarrolla su talento, no sólo para el trabajo, sino para el conjunto de la vida? En otras palabras, ¿cómo llegar a un equilibrio entre lo que soy capaz de hacer y lo que es útil a la sociedad? Se trata de un planteamiento necesario y enriquecedor a estas edades, de los 16 a los 18 años, cuando cada uno tiene una posición entre hermanos mayores o menores, o se relaciona con amigos de distintas edades, que atraviesan fases diferentes en las que unos aprenden de las experiencias de los otros.

El Bachillerato termina y la vida les ofrecerá distintos caminos con sus incertidumbres y encrucijadas en las que nuestros jóvenes tendrán que estar preparados para elegir. Aunque es cierto que, en nuestros días, muchos de ellos se encontrarán todavía con bastantes puertas cerradas. Ojalá seamos capaces de acompañarlos para que sepan que la principal motivación para aprender algo se encuentra en uno mismo. Recordemos que el interés personal es el principal motor de la elección profesional. Resulta fundamental que se den cuenta de que difícilmente van a poder convertirse en un profesional de excelencia en algo que no satisfaga sus intereses, aunque aquella profesión tenga, hoy en día, muchas salidas.