03. Qué deberían saber los padres y los jóvenes sobre la Formación Profesional

Oriol Homs i Ferret

En la actualidad, la Formación Profesional, en España, está en auge. La vieja Formación Profesional dirigida a formar a los hijos de los trabajadores que no podían permitirse una Educación Primaria o Secundaria, ya ha sido prácticamente superada. Hoy la Formación Profesional es la parte del sistema educativo destinada a especializar y profesionalizar a los jóvenes que quieren acceder al mercado laboral con un título profesional que les permita un rápido acceso a los empleos cualificados intermedios que ofrece nuestro sistema productivo. La FP ofrece más de 150 títulos tanto en la industria como en los servicios o en el sector primario.

¿Cómo está organizada la Formación Profesional en el sistema educativo español? ¿Sabemos qué es la FP Dual? ¿Qué relación existe entre FP y mercado laboral? ¿Qué especialidad de Formación Profesional debemos escoger?

En este capítulo trataremos los siguientes aspectos:

1

¿Cómo se organiza en España la Formación Profesional (FP)?

2

Diferentes tipos de trabajo y sus requerimientos

3

En qué consiste la FP Dual

4

¿Cómo elegir la especialidad de FP?

5

¿Qué es la FP Básica?

La Formación Profesional, una buena entrada al mercado de trabajo

¿Cómo está organizada en España la Formación Profesional en el sistema educativo? El sistema prevé dos niveles de especialización:

  • Los ciclos formativos de grado medio (CFGM), a los que se puede acceder una vez obtenido el Graduado de la ESO y que conceden el título de Técnico en la profesión correspondiente.
  • Los ciclos formativos de grado superior (CFGS) a los que se accede después de haber obtenido el título de Bachiller y que culmina con el título de Técnico Superior.

Ambos ciclos tienen una duración de dos años y ofrecen un período de prácticas en empresas como parte de su formación. Mención aparte, de la que hablaremos más adelante, es la llamada Formación Profesional Básica (FPB) instaurada recientemente por la nueva ley de educación de 2013 (LOMCE) y que está en curso de implantación. También nos referiremos a la Formación Profesional Dual, un plan de formación innovador que ya se aplica en algunos países europeos en la que parte de la formación se realiza en empresa.

Así pues, los jóvenes titulados de Formación Profesional disponen de una sólida educación general, dependiendo del nivel al que hayan llegado (ESO o Bachillerato), más una formación especializada en una profesión determinada. Todos los organismos internacionales y principalmente los de la Unión Europea aconsejan que los jóvenes se incorporen al mercado de trabajo con una titulación profesional, porque es la mejor forma de inserción laboral. Además, las economías europeas van a necesitar muchos profesionales competentes de nivel medio y nivel superior.

Las previsiones de la Unión Europea para 2025 prevén que para que Europa pueda mantener su competitividad en la economía mundial, necesitará que el 50% de los puestos de trabajo sean ocupados por personas con una cualificación intermedia; el 35%, por una cualificación superior, y sólo un 15%, por cualificaciones simples. Actualmente en España ya hemos superado los niveles de cualificación superior pero estamos muy lejos de conseguir los objetivos en las cualificaciones intermedias. Por lo que al mercado de trabajo se refiere, en los próximos años se requerirá una gran demanda de cualificaciones intermedias, tal y como se está observando en la práctica. Hemos de ser conscientes de que los niveles universitarios están llegando a su saturación. En cambio, aún hay mucho recorrido para los niveles intermedios, que son en los que se especializa la Formación Profesional específica.

Los nuevos tiempos necesitan profesionales competentes que sepan realizar su trabajo de forma correcta y que puedan resolver con eficacia los problemas que se plantean en su actividad profesional. Esto significa un cambio importante de mentalidad respecto a la generación anterior. En los últimos cincuenta años, en España se ha producido una gran transformación económica y social, y lo que consiguió una generación de españoles, con gran esfuerzo pero con niveles educativos muy bajos, hoy resulta imposible de conseguir sin una formación sólida y una especialización profesional. En la actualidad, y de forma más intensa en los próximos años, aquella generación se irá jubilando y será sustituida por una nueva promoción de jóvenes, a la que se les exige, de entrada, unos niveles educativos como mínimo de tipo medio. Los títulos intermedios garantizan que los trabajadores puedan afrontar la mayor complejidad de los procesos productivos y que puedan responder adecuadamente a la aceleración de las innovaciones técnicas y organizativas que estamos viviendo.

Los jóvenes y sus familias empiezan a darse cuenta de la importancia de la especialización profesional. Ello se traduce en un fuerte crecimiento de las matrículas de los ciclos formativos en España, que se ha visto incrementado desde 2007, antes de la crisis, en más de un 50%, el porcentaje más elevado del conjunto del sistema educativo.

¿Cómo aconsejar qué decisiones tomar al final de la ESO y del Bachillerato?

Al final de la escolarización obligatoria de la ESO, los jóvenes que hayan obtenido el Graduado deberán tomar la decisión de si continúan estudiando el Bachillerato o si se dirigen hacia los Ciclos Formativos de Grado Medio. Se trata de una decisión que no es fácil para ellos ni para sus familias. Hemos de ser conscientes de que el graduado de la ESO es el título que más discrimina las potencialidades y capacidades futuras de los jóvenes en su vida profesional. Por eso es tan crucial que todos los jóvenes obtengan esa titulación.

Una vez obtenido el graduado, se abre para los jóvenes un gran abanico de posibilidades que deberán aprender a gestionar. Sin duda que todas ellas deberían perseguir la meta de seguir formándose. Es muy importante que los padres ayuden a que sus hijos sean conscientes de que ya a esa edad, al final de la ESO, han de comenzar a conducir sus vidas, a tomar decisiones y a prever su futuro profesional. Ellos serán los que construirán su futuro sorteando las dificultades, aprovechando las oportunidades y haciendo valer sus capacidades. Es cierto que no todo va a depender de ellos y que el contexto y las oportunidades marcarán mucho sus posibilidades, pero las metas que se propongan y la determinación con la que luchen por conseguirlas será decisivo, en gran medida, en lo que llegarán a ser en el futuro. Y las familias pueden contribuir para que esto se convierta en realidad.

A grandes rasgos se puede afirmar que existen tres grandes categorías de puestos de trabajo en el ámbito laboral:

  • Aquellos que requieren una elevada especialización, con niveles altos de complejidad. Por lo general, estos puestos de trabajo requieren la toma de decisiones expertas y la conducción de equipos (ingenieros, médicos, economistas, profesores, directivos).
  • Los que requieren el dominio de un campo profesional para resolver con autonomía el quehacer y las incidencias de su actividad. En muchos casos deberán interaccionar con sistemas técnicos de niveles elevados de automatización, y se incorporarán a equipos con los que habrá que interactuar (informáticos, administrativos, mecatrónicos, técnico de laboratorio, técnico en prótesis dentales…).
  • Los trabajos simples, de baja complejidad que son fácilmente ejecutables a partir de un nivel básico de conocimientos, normalmente en el sector de servicios.

Los Ciclos Formativos de Grado Medio van dirigidos a formar a los técnicos del segundo grupo. La mayor parte de los puestos de trabajo pertenecen a este nivel.

Una vez que hayamos entendido los diferentes puestos de trabajo y sus requerimientos, tomar la decisión dependerá de dos elementos fundamentales: los intereses, por un lado, y la ambición personal del joven y su experiencia en los estudios hasta aquel momento, por el otro. Tengamos en cuenta que, para ello, no hace falta esperar al último momento a la hora de reservar la matrícula para el próximo curso. En general, los Institutos de Enseñanza Secundaria (IES) ofrecen actividades, en los últimos años de la ESO, para ayudar a concretar los intereses de los jóvenes, pero en todo caso es muy importante que la familia motive al adolescente con el fin de profundizar en el autoconocimiento de sus intereses. Un buen ejercicio, por ejemplo, es el de preguntarle cómo se imagina a sí mismo profesionalmente cuando tenga 30 años. De esa forma irá concretando qué cosas le gustan y qué cosas no. Se trata de la primera fase del despertar de las vocaciones. Después la vida les llevará por caminos que no siempre se pueden prever, pero su interés y motivación le guiará en los momentos clave.

Pasarelas entre la FP y con el Bachillerato y la Universidad

Todos los padres sabemos que, a menudo, un mayor nivel de educación lleva a una mejor calidad de las condiciones de trabajo y empleo, pero no siempre «lo bueno es lo mejor». En la práctica, para muchos jóvenes es preferible una buena Formación Profesional media o superior que una incierta vía universitaria…

En todo caso, nunca dramaticemos la decisión que escojamos como algo irreversible, puesto que hoy los sistemas educativos prevén pasarelas para poder rectificar o reorientar los itinerarios educativos y profesionales, aunque en este sentido queda mucho trabajo por hacer. Desde la perspectiva de una «formación permanente a lo largo de la vida», de un Ciclo de Grado Medio se puede seguir estudiando un Ciclo de Grado Superior y desde allí acceder a la Universidad, pero la Formación Profesional no debe plantearse como la puerta trasera para que entren en la Universidad los que no consiguen una buena nota de corte en la Selectividad.

Formación Profesional Dual

Recientemente se ha incorporado en la Formación Profesional la modalidad de alternancia o Formación Dual, que está presente en algunos países del centro y norte de Europa. En algunas autonomías ha empezado a implantarse una vía mediante la que el alumno sigue una parte de su formación en el centro educativo y la otra parte la realiza en la empresa, ejerciendo una actividad productiva que en algunos casos puede ser remunerada. Esta vía resulta la más adecuada para desarrollar tanto las competencias profesionales específicas de cada titulación como para facilitar la inserción laboral. Por eso cada vez tendrá más relevancia dentro de la Formación Profesional.

Por otra parte, sabemos que los estudios no lo son todo. Desde siempre la valía personal ha sido clave para labrar el futuro profesional de las personas, pero el hecho de tener estudios o no marcaba considerablemente las posibilidades reales. En la actualidad, cuando la gran mayoría de los jóvenes superan niveles de Educación Secundaria y Superior, los títulos siguen siendo importantes pero ya no tan decisivos como antes, puesto que la distinción se produce por las llamadas competencias personales y profesionales del individuo. Además del título, las competencias constituyen los criterios que se valoran más en el mercado de trabajo: la capacidad de comunicación y de trabajo en equipo, la responsabilidad y la implicación en el trabajo bien realizado, la capacidad práctica de resolver problemas, la creatividad y la actitud de innovación.

Estas capacidades pueden desarrollarse de múltiples maneras. En los institutos cada vez se presta más atención al desarrollo de las competencias, pero no olvidemos que también pueden desarrollarse fuera del sistema educativo. La implicación del joven en actividades diversas, deportivas, culturales, sociales, políticas, favorecen en gran medida ese tipo de competencias. En este punto las familias también pueden hacer mucho.

En el caso de que el joven haya optado por seguir el Bachillerato, se volverá a encontrar al final con otra decisión importante: la de seguir estudios universitarios o dirigirse hacia los Ciclos Formativos de Grado Superior de Formación Profesional.

Los Ciclos de Grado Superior están dirigidos a formar a los profesionales que ocuparán los niveles de mandos intermedios en las empresas y los puestos técnicos de apoyo en áreas muy especializadas. Estos puestos suelen estar a caballo entre el primer grupo de cualificaciones y el segundo. Por lo general, estos profesionales, si siguen formándose a lo largo de su vida profesional, disponen de un largo recorrido en el sector productivo. Los criterios señalados para la decisión al final de la ESO serán igualmente útiles para esta nueva ocasión, y también en este caso, una buena Formación Profesional superior en muchos casos será preferible a la opción universitaria.

¿Qué especialidad de Formación Profesional escoger?

Tanto en los ciclos medios como en los superiores, después de haber tomado la decisión de elegir la Formación Profesional, debemos decidir qué especialidad escoger. Lo importante entonces es evitar la improvisación. Se trata de un proceso de maduración, en el que se van descartando posibilidades hasta seleccionar con plena conciencia el ciclo formativo que se quiere seguir. De modo que debemos evitar dejarlo para el último momento porque «eso hacen mis amigos», o porque es la especialidad que se ofrece en el centro donde ya están estudiando, o por estereotipos generales de modas, etc.

Cada persona dedica una parte muy importante de su vida a la actividad profesional y eso marcará en gran medida vuestra vida. Por eso resulta fundamental optar por una actividad que aporte satisfacción al individuo y responda a una motivación o vocación personal. Hoy las vocaciones no son como antes, puesto que el nivel de incertidumbre y la vertiginosa velocidad de cambio obligan a una constante evolución y adaptación de los intereses de los individuos. En todo caso los intereses personales y vocacionales son algunas de las mejores guías para que las personas construyan un itinerario profesional satisfactorio. Las familias pueden ayudar a identificar esos intereses y motivaciones vocacionales.

En general, las familias y los jóvenes suelen decidirse por una especialización u otra teniendo en cuenta dos criterios: la percepción de cuáles son las profesiones con una mayor demanda laboral de futuro y las oportunidades que existen en la oferta de centros y títulos en el entorno inmediato del domicilio familiar. La velocidad de cambio y transformación de los sistemas productivos no nos permite prever con seguridad cuáles serán esas profesiones, porque durante la vida laboral de los jóvenes surgirán distintas modificaciones en los escenarios sociolaborales, todavía no predecibles, que pueden provocar un cambio abrupto en el futuro de profesiones enteras. Los patronistas, los delineantes, las telefonistas…, son ejemplos recientes de ello.

Por eso es más importante considerar los elementos vocacionales, es decir, pensar en aquello por lo que uno se siente atraído y le interesa, ya que a poco que se busque se encontrará algún lugar en el que existan oportunidades para desarrollar esa profesión, ya sea como empleado en una empresa o emprendiendo la propia actividad.

Sin duda que conocer cuáles son las actividades del entorno, la ciudad, la provincia o la comunidad autonómica puede ser importante para orientar a los jóvenes, pero si no encuentra lo que le interesa hemos de ampliar los horizontes a zonas más alejadas. Recordemos que hoy en día las comunicaciones han acortado las distancias de forma considerable. Ese aspecto territorial suele ser más determinante para las ciudades medias y pequeñas que para las grandes urbes, pues en ellas se ofrece un gran abanico de oportunidades.

También hay que tener en cuenta que, en los próximos años, habrá oportunidades laborales en todos los sectores económicos, incluso para aquellos que ahora, por razón de la crisis, están estancados o en declive. El grado de envejecimiento de la población es tal que la gran mayoría de los puestos de trabajo se creará para sustituir a las personas que se jubilarán, y como hay muchos menos jóvenes, habrá oportunidades de encontrar un trabajo cualificado en todas las profesiones.

Eso significa que, cuando estemos por tomar la decisión, debemos considerar la profesión como un camino que se irá concretando a medida que se transite por el mismo. Esto significa que pueden presentarse muchos vericuetos que reorientarán las decisiones sobre la marcha. De hecho los intereses y motivaciones de las personas suelen ser amplios, y las capacidades personales pueden adaptarse a muchas situaciones sociolaborales que aparentemente parecen diferentes pero que en el fondo movilizan competencias parecidas.

La Formación Profesional Básica

La llamada Formación Profesional Básica ha sido instaurada por la ley de educación LOMCE para ofrecer una opción formativa alternativa a la ESO a los jóvenes que presentan un mayor riesgo académico para obtener el Graduado de Secundaria y afrontar el abandono escolar temprano. El consejo principal es que las familias hagan todos los esfuerzos posibles para presionar a sus hijos para que obtengan el Graduado. Sin lugar a dudas que es la mejor inversión que podéis hacer para su futuro. Debe quedarnos bien claro que la mejor Formación Profesional Básica que puede ofrecérsele a un adolescente pensando en su futuro socioprofesional es que obtenga el título de Graduado en Secundaria. Por ello debemos motivarlos, apoyarlos con actividades de refuerzo, etc.

Sin embargo, si no se consigue o se prevé que no se logrará, la Formación Profesional Básica es una opción alternativa para que continúen estudiando con un doble objetivo:

  • Recuperar las competencias generales básicas que no han obtenido en la ESO.
  • Seguir una formación de tipo profesional que les oriente sobre posibles salidas al mercado de trabajo.

Una charla con los tutores del centro de formación puede ayudar a tomar esa decisión, pero si la familia entrevé una posibilidad de conseguir el Graduado, es mejor que opte por reforzar esa vía.

Un último consejo para los padres

Todos los países desarrollados, menos Suiza, padecen, unos más que otros, elevados índices de paro juvenil en comparación con la tasa de paro general. Ello se debe a un problema estructural relacionado con la forma en que la sociedad organiza la transición de la escuela al trabajo de las nuevas generaciones. En nuestro país la gran mayoría de jóvenes no se incorpora al empleo hasta pasados los 20 años y las tasas de paro son muy elevadas. Mientras no se consiga resolver este profundo problema, es muy importante apoyar a los jóvenes a labrar su futuro mientras no encuentren un empleo. Está comprobado que los jóvenes activos, con autoestima alta, con intereses, que saben lo que quieren y saben «montárselo» son los que encuentran más fácilmente trabajo y los mejores empleos. El apoyo de las familias en este difícil período de transición es clave, y es tan negativa la despreocupación como la sobreprotección. Recuérdelo: en ningún caso debes transmitirles que no tienen futuro. Ellos son el futuro y lo construirán a pesar de todo.